7 agosto, 2022

Cuando una niña entra en labor y parto…

La muerte amenaza, y las guerreras de las batas blancas dan la batalla

9 de la noche, ella pesaba 80 libras, tenía 14 años y medio… las puertas del quirófano se abren… ¿la muerte o la vida?... y todas las esperanzas en manos de una joven doctora.

América latina y Nicaragua en particular sufre actualmente ante el incremento de embarazos en adolescentes y niñas. Un grave problema social cubierto por un estruendoso silencio. Mas de cinco niñas menores de 14 años enfrentan el riesgo de morir al dar a luz en maternidades forzadas. Prácticamente todas ellas han sido víctimas de violencia sexual y detrás de estas cifras hay rostros tiernos, angustiados…

La posibilidad de muerte en el quirófano ante un parto es cinco veces mayor cuando la gestante es menor de 15 años, según la experimentada doctora Ligia Altamirano.

ELLAS QUIEREN SABER, conversó con esta reconocida Gineco-Obstetra, sobre las emociones, preocupaciones y reflexiones que se han producido en ella cuando les toca enfrentar las dificultades especiales al recibir en labor y parto, a una niña embarazada.

De más está decir que las palabras nunca podrán describir en su totalidad esa angustia de niña ante el frío y el salto al vacío que significan sus próximos minutos. Las y los médicos también viven en primera persona esa angustia indescriptible.

Dra. Ligia Altamirano

Los casi 15 años de estudio, para lograr una especialidad en la medicina, también nos enseñan el control de las emociones y enfocarnos en mantener la vida de la mujer y el producto hasta donde sea posible. Sin embargo, como seres humanos también tenemos emociones y sentimientos, expresa la doctora.

“Cuando me llegan casos de niñas o adolescentes embarazada, me despierta un sentimiento de profunda tristeza, ya que todo caso en una menor de edad me hace suponer de un posible delito sea estupro o violación y lo más triste, es que la mayor parte de esos embarazos son situaciones de abuso en el interior del propio hogar, entonces vienen a mi mente preguntas recurrentes, esos hombres, ese papá, abuelo, tío, hermano, ¿por qué lo hacen? ¿qué piensan?”, explica Altamirano.

 

¿Podría comentar algún caso de embarazo adolescente que le halla marcado en su práctica profesional?

Uno de los casos que más me ha impresionado, fue una señora que llevó a su niña a la emergencia porque estaba presentando síntomas de náuseas, vómitos, dolores y ella la llevó pensando que era un proceso de una parasitosis, infección o algo así. Cuando examine a la niña de 10 años y se realizaron sus debidos procedimientos y exámenes físicos, era evidente la situación. Cuando se lo comunicamos a la mamá de la niña, la señora se desmayó inmediatamente, cuando se recuperó comenzó a llorar de manera desconsolada. Ella dijo que ya tenía sospechas del embarazo y también sospechaba que había sido el hermano de la niña.

¿Cuándo entran a un quirófano a labor de parto o cesárea, cuáles son sus principales preocupaciones?

Nuestra mayor preocupación, siempre va estar basada en la parte técnica de nuestra profesión y sus objetivos, por ejemplo, en la obstetricia que se encarga del proceso del embarazo, el parto y el puerperio, nosotros tenemos un doble objetivo cuando tenemos una paciente embarazada es traer al mundo un niño vivo, sano y sin secuelas manteniendo en forma intacta la salud presente y futura de la madre.

Esto está basado en una definición bastante sencilla que es “lograr una madre y un hijo vivos, sanos y con capacidad de sobrevivir”.

Ustedes tienen que lidiar con la responsabilidad de la vida de la paciente y el producto. ¿Cómo logran asimilarlo y superarlo?

Para nosotros como médicos, es muy difícil y angustiante la responsabilidad que tenemos en cada caso, sobre todo si estos son de alto riesgo como es el caso de menores de 15 años o mayores de 35, pero es algo para lo que debemos estar preparados, porque se nos presenta durante toda nuestra profesión mientras sigamos ejerciendo.

En ambas situaciones, debemos lidiar con todas las complicaciones propias de un embarazo de alto riesgo, como desprendimiento de placenta, pre eclampsia, eclampsia, descompensaciones por patologías como diabetes u otras enfermedades, traumas pos partos, etc.

En este sentido y en este contexto, según su experiencia ¿qué tan difícil es la vida de una especialista en gineco-obstetricia?

Además de estudiar y trabajar días y noches, siempre estar en constante aprendizaje, se necesita mucha resistencia física y mental.

Recuerdo en mis inicios, una de las veces que recibí turno a las 7 de la mañana de un domingo y me mandaron a una cesárea en sala de operaciones. Entre al quirófano y ya no salí hasta las 3 de la madrugada del lunes; Hice 24 cesáreas seguidas una tras otra, hasta esa hora salimos a comer. Otro amigo que estaba a la par en la otra sala, pasó igual y en su caso, él hizo 50 legrados. Entonces hay que tener mucha resistencia física y mental.

Esto que hago, para mí significa todo, mi mundo, mi vida, mi pasión no me imagino haciendo otra cosa que no sea ser ginecóloga y obstetra. Mi mayor felicidad es estar frente a una paciente y poderla ayudar a resolver cualquier problema que ella tenga, haciendo uso de todos los conocimientos que he acumulado en todos estos años. Uno de mis mayores momentos de felicidad es poder ayudar a una paciente que tiene una situación de salud y que busca ayuda y podérsela brindar con la mayor eficacia y calidad posible.

ELLAS QUIEREN SABER es una iniciativa de comunicación que considera fundamental que el Estado, la comunidad, la escuela y por supuesto, la familia, tengan como prioridad el desarrollo pleno de niñas y niños. Tristemente nuevamente recodamos que América Latina es una región donde está creciendo el flagelo de niñas obligadas a ser madres. Naturalizar esta situación o peor aún, culpabilizar a las niñas víctimas y ponerlas en riesgo absoluto es una realidad que tenemos que contribuir a cambiar haciendo consciencia cada día y a todos los niveles de nuestra sociedad. La búsqueda de soluciones requiere de la habilidad para juntar voluntades. La batalla por la vida no debería librarse cuando una niña entra en labor y parto; porque son niñas, no madres.

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