7 agosto, 2022

¿El amor todo lo soporta?

Crecí con la idea machista de que la mujer debe aguantar, soportar y perdonar todo, porque repetidamente cada vez que alguien se casaba leían algún versículo de la biblia que hablaba de eso. Desde pequeña la idea del matrimonio feliz siempre estuvo presente en mi cabeza, soñaba con el momento en el que formaba mi propia familia, siempre pensando inocentemente en no cometer los mismos errores que mis padres. Que equivocada estaba.

¿Por dónde empiezo? Tal vez un buen inicio sería decir que a pesar que mis padres me brindaron con mucho esfuerzo todo lo que quise y que nunca me permitieron salir a explorar el mundo, porque ellos sabían que existe gente mala, que mi inocencia de joven se iba a ver pisoteada por el exterior, ahora cada que lo pienso me apeno y casi en susurro me digo a mí misma  “ lo siento mama, perdóneme papa”, pero bueno, siguiendo con el tema, creo que crecer con esa idea del amor fiel, el amor que todo lo soporta me estropeó la cabeza o el corazón porque, a mis 18 años me enamoré de quien es hoy mi esposo, me casé hace poco, no tengo mucho pero de unos meses para acá la idea de escapar un momento ha aparecido esporádicamente en mi cabeza.

Y es que no llevo el matrimonio que he soñado, mi burbuja Disney al parecer sigue ahí, siempre fui inocente a mi parecer, pero con el paso de los años sigo sin perder la esperanza de realizar el sueño que siempre tuve. Y no, no es que mi esposo sea una mala persona, o que me golpee, pero es que después de tanto tiempo creo que lo tengo cansado, por mis mis celos, por más que trato de controlarlo y de quedarme callada hay ocasiones que no puedo más y con todo el miedo del mundo hablo, y es que no digo todo lo que tengo que decir por miedo, me da pánico fracasar en algo en lo que me estuve preparando toda mi juventud.

Y es que al parecer yo fui y soy la culpable, permití desde que éramos novios muchas cosas que no se deben, siempre le dije, que le aguantaba todo menos infidelidad y mal trato, se lo tomó muy enserio, y a pesar de que aún no me doy cuenta si me es o me fue infiel siempre terminamos discutiendo por eso, en donde yo llevo las de perder. Mi falta de autoestima, de amor propio me viene cobrando la factura, porque siempre he pensado que alguien como él no merece alguien como yo, yo que solo sirvo para atenderlo, cuidarlo y mimarlo, últimamente siento que solo sirvo para eso y ¿que recibo a cambio?, nada, ni un gracias, ni un te amo, ni un mísero te quiero.

 Ni mi trabajo, ni mi papel de mujer del hogar me reconfortan, ni siento que me de el valor que necesito, Y ES QUE DESPUÉS DE TANTO TIEMPO ME SIENTO EN SEGUNDO PLANO PARA EL EN SU VIDA, me siento como un mueble que, si esta no estorba, pero si no está no le hace falta.

No es como en un inicio de la relación que para todos lados íbamos juntos, y que cuando le comenzó a fastidiar el estilo de vida que estábamos tomando, decidí por mi propia cuenta renunciar a lo que me gustaba, solo para quedarme con él en paz, por verlo tranquilo, y a estas alturas del partido pienso que es lo peor que he hecho, ante poner su comodidad por la mía. Y sigue así ahora que vivimos juntos se hace lo que el quiere, a la hora que el dice y a como el quiere, yo si quiero proponer una salida juntos de mala gana acepta, pero si viene una salida en grupo del trabajo, va feliz.

 NO SOY FELIZ, no estoy tranquila, todo lo que tiene que ver conmigo le aburre, me he cansado de contar las horas en que prefiere pasar dormido que conmigo. Me siento desvalorizada, poca mujer y que no soy suficiente para la única persona que he amado.

Siento inocencia, me faltó mundo, conocer mas personas y a veces siento que es un error haberme casado con el primer novio que tuve, que la década que pasé preparándome, conociéndolo y acoplándome no sirvió de nada. Soy un estorbo para él, en donde cada día se me haga sentir que es un favor el que me hace al estar conmigo. Yo caigo en depresión y a él no le importa, me lo ha dicho, “nada puedo hacer yo si así te sentís”, (vaya esposo el que me tengo), por dentro grito “es tu culpa”.

Y es mi culpa por no darme mi lugar, por no poner límites.

Ahora entiendo a las mujeres que huyen de una relación, y entendí que muchas no están dispuestas a vivir una vida en donde no se las respete, donde la mayoría de las veces muchas estamos por debajo de lo que debería de ser de suma importancia, de coronar la pirámide de prioridades, algunas necesitamos sentir que nos necesitan, y no creo tener el valor de engañar a quien he amado por tanto tiempo, simplemente no puedo, pero también pienso que he desperdiciado mi amor en un ser malagradecido y egoísta que no sabe qué hacer con tanto.

No es que yo sea una pera en miel, también tengo mis días, pero eso no justifica que me haga menos, el amor suma no resta.

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