5 diciembre, 2022

Entre Rutas y Rostros…

Por Wendy Vado


Con un trabajo en Managua y usuaria del transporte público de mi país, mi vida entre rutas y buses intermortales (si, son peligrosos) es mi pan nuestro de cada día. Mucha gente se asombra que viajo tanto y no puedo dejar de sentir un deje de lastima y compasión cuando cuento que viajo todos los días. Resulta impensable, que me levante muy temprano, usualmente en la madrugada para llegar a Managua y entrar en un horario de 6 a 2 de la tarde. Si, ese es mi horario. La verdad es que, desde que mi esposo y yo nos mudamos a Carazo hemos incorporado este ritmo en nuestra rutina que, hasta ya nos parece tan normal. Lo que no significa que estoy satisfecha con el deficiente servicio al que estamos expuestos. Bueno esa es otra historia.

Suelo observar todo a mi alrededor, y sentir el aire fresco que me revive cuando voy subiendo el crucero y dejando el Bochorno de Managua:¡Gracias a Dios!

También puedo observar y escuchar, cuando no vengo dormida multitud de historias y rostros. Quizás los rostros que más observo últimamente en las paradas y calles de la capital son rostros de mujeres. La mayoría comerciantes vendiendo ropa, frutas, comida en los puestos más improvisados y que permite la infraestructura de las paradas de buses. También, a la par de estas mujeres siempre hay niños y niñas. Me duele verlos así, generalmente sucios, durmiendo en mesas o jugando entre ellas, acompañando a veces activos, a veces cansados y soñolientos a sus madres. No puedo dejar de pensar en el rostro de mi propia hija; Sin embargo sé que las condiciones son distintas y entonces me embarga un sentido de gratitud mezclada con impotencia, vergüenza y culpa. Si, porque ellos al igual que mi hija deberían ser protegidos en cada uno de sus derechos, sobre todo al derecho de ser niños y niñas.

La pobreza en Managua es cada día más palpable y marcada. Ventas de pollo, pan, ropa, "¿Qué va a querer chela?" aparecen todos los días, y ya van formando parte de la cotidianidad.

Sí, la pobreza tiene rostro de Mujer, pero también alma de niño. Los ves en los semáforos, en las aceras de la calles, a fuera de los supermercados en brazos de sus madres, pidiendo, observándote. Y es que son pocas las oportunidades que tenemos, nosotras las mujeres, en Nicaragua. Las estadísticas dicen que nuestro país ocupa el segundo lugar en embarazos entre adolescentes, y que un 80% de los abusos sexuales son hecho hacia niñas menores de 14 años de edad. Ser mujer y ser madre es cómo decir 1+1=2. La maternidad no se discute en el caso de la mujeres, así como tampoco el uso de anticonceptivos, o cuando, cuánto y cómo tener hijos.

Esto sin duda disminuye las pocas posibilidades de que las mujeres tengan acceso a educación y por lo tanto de un trabajo digno. El circulo de pobreza entonces se mantiene y perpetua, pues la niña, adolescente que por lo general es una madre soltera, ahora tendrá que buscar de cualquier manera cómo mantener a su descendiente, porque "¿Quién la manda de andar de caliente?", "Ella se lo buscó" "Son brutas" serán los epítetos más amables que escuchará a lo largo de su vida.

Cuando veo estas mujeres, no dejo de pensar todo lo que han tenido que sufrir en mayor o menor medida. Tampoco quiero encasillarlas en una sola historia, pero la verdad es que siguen el mismo hilo; cuyo nudo es el fallo del estado Nicaragüense y la deuda enorme que tiene hacia nosotras las mujeres en materia de acceso a educación y salud sexual y reproductiva, así cómo políticas para la prevención de violencia basada en género, pues a parte de que la pobreza y abuso sexual nos afecta más, también somos titulares todos los días. En lo que va del año 41 mujeres entre edad adulta y menores de edad han sido violadas y asesinadas de las formas más atroces e inhumanas pensables.

Admiro también a estas mujeres por ser fuertes, valientes y resilientes. Porque levantarse cada día, a enfrentar un día incierto en medio del calor húmedo, sudoroso y el sol picante de Managua, para llevar el pan a la mesa; más que un acto de sobrevivencia es un acto de resistencia...

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