7 agosto, 2022

¿Puedo Sonreír?

Por Wendy Vado


Hace poco entré en el amargo proceso ( si, ya verán porque le digo así) de obtener mi licencia de conducir. Si, ¿Quién en este momento piensa en buscar una licencia de conducir, cuando el país se derrumba en pedazos? Bueno quiso el destino y mi poco sentido común que así fuera...

Lo primero que tengo que decir es la poca honestidad (que sorpresa) que existe en nuestro sistema. ¿Quién aprende a manejar en 15 horas? las escuelas de manejo si lo creen, y parece que ya tienen la fórmula, que conlleva horas y mas horas de prácticas adicionales para lograr un buen resultado. Todo parece irles bien a nuestros "amigos del volante" hasta que se les aparecen mujeres como yo, que reclaman porque tiene que pagar 600.00 córdobas por un documento de 20 páginas, o "peor de los pecados" no aceptar pagar más horas prácticas de manejo...

Unido a esto, está como te tratan en el sistema público, evidencia y reflejo de todo lo que está mal en nuestra suciedad, digo sociedad. Largas filas, cuestionarios reduccionistas para medir cuan "psicológicamente preparado está el aplicante" no el que aplica, para pasar un test psicológico donde la clave es no expresar lo que sentís, sino lo que quieren escuchar... (si quieren una razón por la que existe tanta gente manejando como maneja en nuestras calles, deberíamos empezar por ahí)

Y aquí empieza entonces mi carretera de baches: no pasé el examen psicológico, ese fue mi primer gran amargo fracaso. El resultado no sólo mermó mi muy poca saludable autoestima, sino también mi equilibrio emocional: ¿Cómo no podría pasar un examen psicológico? con esa pregunta encaré a mi ¨Sigmund Freud" ( si , era una mujer y dudo mucho si era psicóloga) . Sus respuestas y actitud dejaban entrever no sólo que no era profesional y que estaba ahí más por un favor del favor de un favor del amigo de quien sabe quien... pero que tiene poder, sino que tampoco era un ser humano empático. Después de manchar mis preguntas como si fuera un examen cualquiera, para obtener un puntaje me dijo que volviera en 6 meses, que era una persona con poca seguridad en sí misma.....

Como toda mujer volcánica salí ofuscada y en búsqueda de respuestas, que incluía hablar con el Director de las pruebas. Para mi dulce sorpresa, el director fue más compresivo y humano. Prácticamente me hizo volver a mi estado de confianza en mí misma y me remitió a realizar nuevamente mi examen. Por suerte para mi esta vez, la persona fue sumamente amable y más profesional. La carretera sin embargo seguiría más angosta, con un despeñadero al final de la curva...

El segundo hueco, fue el del ¨test de manejo" la escuela que supuestamente me debía acompañar, al no pagar más horas prácticas ni siquiera se dignó a llevarme al examen de manejo y para más amargura del momento los estudiantes que sí pagaron, cuando llegué al lugar ,sí estaban haciendo práctica previa para el examen. El resultado de todo esto: no pasé mi examen de manejo. El policía sólo anotó mi nombre y a los 2 minutos de tomar el carro me parqueó y pidió que la siguiente aplicante tomara el volante. El veredicto: "Necesitaba más práctica (sorpresa: con la escuela de manejo) parecía que todo el mundo estaba en sintonía por primera vez. No he vuelto a saber nunca más de mi escuela de manejo, pues cuando quise reclamar el gran atropello que habían cometido, mis quejas sólo iban a parar al buzón de voz.

Y como una querida y sabia amiga dice: "eso no era lo peor" la escuela de manejo en sus orientaciones me había hecho pagar anticipadamente todos los trámites para la licencia en conclusión 1800 córdobas estaban en juego. Como había pagado todo antes, todos los recibos y demás expiraban en este mes de noviembre. Mi segunda oportunidad para hacer nuevamente mi examen era en realidad, mi última oportunidad si quería hacer valer estos pagos.

Mi segunda oportunidad, llegó días después. Con varias personas que si confiaban en mi, con el mantra que de los errores se aprende, y con el coraje de demostrar que todo se trata de actitud y volver a levantarse, me fui a realizar mi examen. Horas previas, mi cartera y celular fueron robados por un amigo de lo ajeno. No me detuve, seguí y ya sin ninguna expectativa, tomé el volante e hice mi prueba de manejo: ¡El resultado fue que aprobé mi examen!

(Obviamente no soy todavía la mejor conductora, pero al oficial, aunque todavía no estaba convencido del todo, aprobó mi examen)

No lo podía creer y aún así sigo sin poder hacerlo. Llegué con esa misma actitud a entregar mis papeles a una no muy servicial agente de "servicios policiales"... pensé que en cualquier momento iba a decir un "algo está mal" , "no la acepta el sistema" o " no, no no " pero esta vez las palabras fueron ¿le gusta la foto que le tomé para su licencia? Obviamente no me gustaba lucía sería y amargada, cuando justamente era lo contrario. Mi cara tenia una sonrisa de oreja a oreja y casi como una miss a punto de llorar cuando mencionan su nombre, Así que dije, lo que tenía que decir y que hoy en día, todo Nicaragüense no se atreve hacer o mucho menos pensar: ¿Puedo sonreír? ¿ Puedo ser feliz por un pequeño momento? ¿Puedo mostrar esa felicidad a los que dijeron que no? ¿ Puedo mostrar que el que ríe, de último ríe mejor? ¿ Puedo decir que soy el resultado de hombres y mujeres que me sostuvieron cuando no podía más, y me animaron a seguir adelante? ¿ Puedo sonreír, por todas las lágrimas derramadas, por creer que era un fracaso andante?

La respuesta fue igual de estupenda - "Como usted quiera" y así lo querré y te pido que hagas siempre... ¡sonreí aún sin permiso!

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